Oct
30

Garantias para la jubilacion

By Seguros

Los seguros de ahorro son productos financieros en los que se incorpora un interés técnico garantizado durante cierto periodo de tiempo estipulado en la póliza  y que puede alcanzar  toda la duración del seguro.

Estos seguros acostumbran a tener una fecha de vencimiento  pactada libremente por lo que pueden o no hacerse coincidir con el final de la vida laboral legal de una persona. Incluso pueden destinarse a situaciones muy distintas como son el pago de estudios de los hijos  o liquidar la hipoteca anticipadamente.

Además gozan de derechos  tales como la REDUCCIÓN ( “dejo de pagar primas y al vencimiento recibiré un capital más reducido que el que inicialmente pacté”), el RESCATE (recuperar el dinero ( o parte de él) en cualquier momento cancelando el seguro – normalmente se exige una permanencia mínima en el seguro que oscila entre uno y dos años si bien hay productos en los que se puede disponer desde el primer día) y ANTICIPO (“necesito dinero y utilizo el que tengo ahorrado a cambio de un interés,  pero puedo devolverlo en cualquier momento y continuar el plan de ahorro inicialmente previsto”). Siempre hay que leer bien la famosa letra pequeña  y entender bien las reglas del juego porque hay contratos que incluyen pequeñas “trampas”.

Uno de los mayores riesgos que hallamos en estos productos lo constituye la confusión existente acerca del interés técnico.

Porque un interés técnico nada tiene que ver con el concepto “bancario” de interés. Si a Ud le ofrecen un seguro con un 3,5% de interés técnico no es necesario que saque la calculadora financiera y calcule como si fuera una TAE, es algo muy distinto.

Porque en seguros de ahorro 2X2=4  casi nunca es cierto. Así como suena. Porque un 2 no es exactamente el mismo 2 en la “compañía A” o en la “compañía B” y, si me apuran, ni siquiera es lo mismo en  distintos productos de la misma compañia.

A la prima que Ud paga (por ejemplo: 1.000 €) se le descuentan los gastos de administración (imaginemos que emitir la póliza, generar los apuntes contables, efectuar las inversiones afectas, etc suponen un gasto del 10% con lo que quedan 900 € de los 1.000 € de partida).

A continuación vienen los gastos comerciales: publicidad  y… ¡las comisiones de comercialización!; imaginemos que suponen otro 10%; quedan 800 €).

Pues bien, esos 800 € son lo que en seguros se denominan “provisiones matemáticas de balance” (tome ahora su seguro de ahorro y busque el término porque está ahí; ahora entenderá lo que eso significa). Y a esos 800 € (no a los 1.000 €) se les aplicará el interés técnico. Por eso un 4% de interés técnico sobre 100 € nunca  da 4 € de rentabilidad.

TODO seguro de ahorro incorpora un riesgo de fallecimiento, como mínimo. Eso,claro, no se lo regalan sino que se lo cobran. Y cuanto “mejor” es el seguro (triples o cuadruples capitales,…) más paga por ello. Así que resulta fácil que esos 800 € no sean sino 600€ tras esta limpieza. El problema grave de esto es que el coste de estas garantías (que suelen proporcionar capitales muy pequeños) es opaco y podemos estar pagando por ellos un sobreprecio.

La rentabilidad de un seguro de ahorro depende directamente de parámetros opacos, que escapan al control del asegurado y (en parte) del banco o  mediador.

Veamos:

  1. No conocemos cual es el coste de los gastos internos o de administración.
  2. No conocemos cual es el coste de las coberturas de riesgo
  3. No conocemos cuales son los gastos comerciales

De todo ello se desprende que en seguros de ahorro un producto con un 2% de interés garantizado puede llegar a ser más rentable que otro al 6% por el simple efecto de los malditos gastos que se le hayan cargado a este último. Incluso puede darse el caso,  de que alguien intente rescatar sus ahorros a los 8 o 9 años y reciba menos dinero del que ha aportado.

A parte  habrá que añadirle otros elementos de perfil inversor. Una incorrecta evaluación acerca del gusto por el riesgo, de las intenciones de permanencia en el programa puede suponer una debacle financiera añadida o una insatisfacción de expectativas fruto de una  impericia profesional. El mediador debe contar con los conocimientos adecuados y suficientes para poder acompañar a su cliente hasta la solución que  necesita.

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